Termas

OCIO EN REMOJO

Las termas romanas son recintos públicos destinados a baños típicos de la civilización romana. En las antiguas villas romanas los baños se llamaban Balmes o balneum y si eran públicos thermae o therma.

En la civilización romana la institución de los baños, las termas, era fundamental en los servicios que los ciudadanos debían tener. Las termas públicas romanas respondían a una función social y política. Fueron lugares ideales para la conversación relajada, el recreo y la relación social, con todo lo que ello significaba. Se cuidaba el ambiente con una delicada decoración en donde no se escatimaban medios, llenando las estancias de maravillosos frescos, mosaicos y estatuas.

Eran baños públicos con estancias reservadas para actividades gimnásticas y lúdicas. También eran consideradas lugares de reunión y a ellos acudía la gente que no podía permitirse tener uno en su casa, como los plebeyos o los esclavos. A veces los emperadores o los patricios concedían baños gratis para el resto de la población.Eran edificios donde se podía hacer innovaciones arquitectónicas, ya que no estaban sometidos a presiones sociales fuertes, eran, tan sólo, lugares de esparcimiento, de ahí, que sin proponérselo, se hayan convertido en la tipología arquitectónica más interesante del imperio romano.

Las termas son uno de los grandes logros técnicos de los romanos. Sin embargo, no se generalizó su uso hasta el siglo I a.C. gracias al invento de un ingeniero. El personaje, Cayo Sergio Orata, era un emprendedor que diseñó un sistema con el que calentar las estancias de las termas: el hipocausto. Eso al menos es lo que sostiene Vitruvio.

Alrededor de un patio central, llamado palestra, donde se podía practicar ejercicio, se encontraban el apodyterium o vestuario.Había un banco corrido y en la pared unas hornacinas sin puertas, donde se depositaban las ropas y los objetos personales, que quedaban vigilados por un esclavo. En algunas ocasiones todas estas instalaciones se duplicaban, aunque a un tamaño más reducido, para las mujeres. Techos abovedados, frescos y mosaicos adornaban sus paredes.

Básicamente, las termas constaban de un caldarium (sala del baño caliente) y un frigidarium (frío) , a los que, en los establecimientos más grandes, se unía una sauna, un gimnasio, una piscina al aire libre, una zona para tomar el sol, otra para frotarse la piel y, por supuesto, un vestuario. Además, podían hallarse salas de reuniones, bibliotecas, tiendas…

Planta de las termas de Diocleciano
    Planta de las termas de Diocleciano

Cayo Sergio Orata colocó el suelo del caldarium sobre un conjunto de pilares hechos de ladrillo de escasa altura y separados entre sí unos sesenta centímetros, de tal manera que soportaran uniformemente un lecho de cemento con solado de ladrillo. El aire caliente que llegaba de un horno llenaba el espacio entre las columnas y, de este modo, se transmitía el calor  a la piscina situada encima. Parte del calor se dirigía a conductos situados en las paredes, tubos de barro cocido (tubuli), que daban salida al humo del horno y al aire caliente que circulaba ayudando así a caldear la sala superior. Para conseguir una sauna, bastaba con dejar que el suelo de un caldarium alcanzara su temperatura máxima antes de inundarlo con unos pocos centímetros de agua.

En los baños mejor diseñados, las distintas piscinas estaban situadas a diferentes alturas. El suelo más elevado era el del frigidarium. Sus aguas desbordadas rellenaban la piscina del tepidarium, que,situada a cierta distancia del horno, solo alcanzaba temperaturas medias. A su vez, el contenido de esta piscina templada iba llenando con el uso la del caldarium.

Esquema de un hipocausto
Esquema de un hipocausto

El invento tuvo una difusión muy amplia. Desde ese momento, toda población de cierto tamaño contó con, al menos, unos baños públicos. De igual forma, nadie que se considerase de clase superior pudo prescindir ya de tener uno en casa. Lo más curioso es que los especialistas no se ponen de acuerdo en el orden en el que se recorrían los baños: ¿de la piscina caliente a la fría o de la fría a la caliente?.

Para saber más :

Webgrafía

Bibliografía

  • GARCÍA GELABERT, M.P. y BLAZQUEZ, J.M., “El culto a las aguas en la Hispania Prerromana”, Termalismo Antiguo. I Congreso Peninsular. Actas, Madrid, 1997, 105-115.
  • DÍEZ DE VELASCO, F., “Termalismo y Religión. La sacralización del agua termal en la Península Ibérica y el Norte de África en el Mundo Antiguo”, Monografias de Ilu 1, Madrid 1998.
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