Minas

EN BUSCA DE MINERAL

En un momento en el que los fenómenos económicos eran todavía menos comprendidos que hoy, los gobernantes del mundo antiguo -e incluso del moderno; no hay más que pensar en los cargamentos de oro y plata llegados a España desde las Indias- siempre andaban buscando nuevas fuentes de metales preciosos con los que acuñar moneda y así pagar, en especial, a las legiones, el soporte de su poder. Como dice Plinio el Viejo en su Historia Natural: ” En nuestro mundo […] el oro se extrae de tres modos: en primer lugar en las partículas [pepitas] de los ríos, como en el Tajo en Hispania […], y ninguno es oro tan puro, ya que está pulido por la corriente y el frotamiento. Se extrae de otra forma mediante pozos o se busca derrumbando los montes”. Los dos primeros métodos son muy conocidos, pero no tanto el tercero, esa ruina montium que menciona el erudito romano. El mejor ejemplo quizás sea el de Las Medulas (Astorga,León). pero también lo encontramos en Cerro del Sol y Cerro Zapatera, en Lancha del Genil (Granada), Río Tinto (Huelva), el distrito Cartagena-Mazarrón (Murcia), Linares (Jaén), Sierra Morena (Córdoba), Almadén (Ciudad Real) y los de Aljustrel, Sâo Domingos, Valongo, Jales y Três Minas, en Portugal.

Yacimiento de Las Médulas (León)
Yacimiento de Las Médulas (León)

El trabajo en la minería en los tiempos de la Hispania romana se efectuaba en unas condiciones terribles. Millones de esclavos eran ocupados en las minas en una labor extremadamente peligrosa, sin ningún tipo de seguridad y sin un horario que fuese humanamente soportable. Para un esclavo, el destino de las minas constituía la peor de las fortunas, y con casi total seguridad, pasar el resto de sus pocos días sin llegar a ver más la luz del sol, acarreando mineral y piedras durante todo el día o picando en las galerías, siempre bajo la amenaza de los derrumbamientos.Tal como lo describe Plinio, el derrumbe de los montes era un trabajo altamente peligroso en el que se perdía a muchos mineros. Consistía, básicamente, en convertir el terreno que se deseaba explotar en un hormiguero repleto de pasadizos. Según el autor, terminada esta tarea solo se trataba de ir destruyendo, a partir de los más alejados, los soportes levantados en esas galerías. Privado de sustentación, el monte se venía abajo, tras lo cual no había más que lavar el material para encontrar todo el oro posible.

medulas1

La arqueología revela que en este proceso entraba en juego otro de los elementos que tanto gustaban a los romanos: el agua, que sería la verdadera responsable del hundimiento del terreno aurífero. Mientras se agujereaba el monte, se iba organizando la canalización para llenar el inmenso depósito de agua situado sobre la boca de la mina. Terminado todo, se abrían las compuertas y el agua del depósito penetraba en las galerías. por efecto de la gravedad y la energía cinética, el líquido generaba en el interior de la mina tal presión que reventaba los corredores.

Derrumbado el monte, el agua lo convertía en lodo, que era arrastrado hacia unas zanjas previamente situadas en el llano. En estos canales de decantación había ramas de arbustos espinosos que hacían las veces de filtros auríferos. Una vez lavado todo el material del derrumbe, se tomaban las ramas, se las dejaba secar y luego se les prendía fuego. Un último lavado de las cenizas permitía al fin encontrar el mineral que tantos esfuerzos (y vidas de esclavos) había costado. El Senado o el Emperador ya podían acuñar monedas con las que saldar sus deudas y pagar a sus soldados. Como final, nada mejor que sea el mismo Plinio quien nos explique los métodos y técnicas de la minería romana:

INFRAESTRUCTURAS HIDRÁULICAS (Plinio, Historia Natural, 33, 74-75): “Hay después otro trabajo igual, o de mayor coste. Y es traer, para lavar esta ruina, ríos desde lo alto de los montes, muchas veces a cien millas de distancia. Y creo que se llaman arroyos, de aquella obra de arroyar, y cierto que este es grande trabajo. Conviene nivelar bien la corriente para que corra cuando se eche el agua, que se trae de partes altísimas. Los valles e intervalos de quiebras se juntan con canales puestos sobre puentes. En otras partes se perfora la peña viva por donde no hay camino y se excavan asientos para las vigas. Aquel que las pica está colgado con sogas, de suerte que el que lo ve desde lejos piensa que es alguna feroz especie de aves. Estos, estando pendientes y colgados en el aire, nivelan, fijan y señalan las líneas para el camino, de suerte que no hay lugar para que el hombre pueda fijar las plantas. Colgados en el aire los obreros, como demonios, prueban con las manos la tierra para conocer su cualidad. Hay un tipo de tierra que llaman urión, del que huyen guiando los conductos por pedernales y piedras. En lo alto y cabeza de los despeñaderos por donde ha de caer el agua, en las cumbres de los montes cavan unas piscinas o estanques de doscientos pies de ancho hacia todas partes y de diez de hondo, dejando en ellos cinco desaguaderos cuadrados de tres pies. Una vez lleno el estanque se quitan las compuertas que lo cierran y sale el agua con gran ímpetu, arrastrando y llevándose las piedras”.

RUINA MONTIUM (Plinio, Historia Natural, 33, 70-73): “El tercer orden y modo de sacar el oro vencería las obras de los gigantes, porque, hechas las cuevas por largos espacios, cavan los montes con luces de candiles, y ellos mismos son la medida del trabajo y vigilias, y en muchos meses no se ve la luz del día. A este modo de sacar el oro llaman arrugias, y súbitamente se suelen hundir las quiebras, que se hienden en un instante y cubren súbitamente a los trabajadores dejándolos allí sepultados, de suerte que ya parece menos temerario buscar en lo profundo del mar las perlas, tanto más peligrosas hemos hecho las tierras. Por esta causa de dejan muchos arcos para sustentar los montes. Hacen contradicción y estorbo, en el uno y otro modo de sacarlo, los peñascos de pedernales que se encuentran: estos se rompen con fuego y vinagre. Pero muchas veces, porque en las cuevas el vapor y el humo ahogan, los quebrantan y rompen con martillos de hierro de ciento cincuenta libras, haciéndolos tierra, y lo sacan en los hombros de día y de noche, entregándolos unos a otros de mano en mano por aquellas tinieblas: sólo los últimos ven la luz. Si la peña de pedernal es muy larga, siguen la vena por el lado y con quietud hacen fosa alrededor. Pero en el pedernal se tiene por más fácil la obra. Porque hay una tierra de cierto género de arcilla mezclada con guijas que es casi inexpugnable. Esta rompen con cuñas de hierro y con los mismos martillos: y entienden no haber cosa más dura sino es que entre todas las cosas es durísima el hambre del oro. Acabada la obra, las cabezas de los arcos por lo último se abren y hienden, y dan señal de ruina. Y sólo la conoce aquel que es vigilante en la altura del monte. Este, con la voz y golpes, manda a los obreros que de presto se aparten y juntamente el vuela huyendo. Quebrantado el monte, cae por si mismo, con tan grande estruendo que no se puede significar con el entendimiento humano, y con un viento increíble. Esperan los vencedores la ruina de la naturaleza. Pero aún hasta allí no hay oro, ni sabían que lo hubiesen cuando cavaban. Y para vencer tantos peligros fue harta causa esperar lo que deseaban…”

OBTENCIÓN DEL ORO (Historia natural, 33, 76-78): “Después, aún en el llano, queda otro trabajo. Cavan fosas en las que vaya a parar el agua, a las cuales llaman agogas. Esta las hazen con gradas. Hay una mata fruticosa, llamada úlex, semejante al romero, áspera y que retiene el oro. Cierran los lados con tablas y cuelgan por los despeñaderos estas matas, y desta manera corre el canal desde la tierra al mar. Por estas causas aprovechó España, en el primer género, aquellas que se sacan con inmenso trabajo, para que no se ocupen con pozos, se riegan desta manera. El oro buscado con arrugia no se cueze, sino luego es perfecto y acendrado, y así se hallan masas dello, y también en los pozos, las cuales exceden de diez libras. Los españoles las llaman palacras, y otros palacranas: los mismos a lo que es menudo llaman báluce. El úlex, después de seco, se quema y su ceniza se lava poniendo debaxo un césped de yerva, para que allí se siente el oro. Desta manera dixeron algunos que davan cada año las Asturias y Galicia y Portugal veinte mil libras de oro, pero que las Asturias davan la mayor parte. Y en ninguna parte del mundo, por tantos siglos, ha habido esta fertilidad de oro.”

Para saber más:

Web

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s