Alcantarillado

 

Salida de la Cloaca Máxima
                       Salida de la Cloaca Máxima

POR SALUBRIDAD

Las ciudades romanas eran sucias. No podía ser de otro modo. Si uno vivía en una casa o en la planta baja de una insula , podía cavar una letrina en el suelo, pero era imposible para los inquilinos de las plantas superiores. Estos debían guardar sus detritos en cubos y orinales que no siempre estaban dispuestos a bajar a la calle… siendo tan sencillo tirarlos por la ventana. Una costumbre satirizada por Juvenal, que la consideraba la menor de las preocupaciones a quienes recorrían la ciudad de noche.

Conscientes de ese problema de salubridad, desde muy temprano, los ingenieros intentaron paliarlo dotando a Roma de una red de alcantarillas que se hicieran cargo, al menos, de una parte de los desechos. la costumbre se exportó a las ciudades de provincias, como demuestra el impresionante alcantarillado de la ciudad de Eboracum (la actual York,en Inglaterra).

La primera alcantarilla de Roma se bautizó como Cloaca Máxima y tiene 5 metros de altura y paredes de sillería. Desde 600 a.C. fue la encargada de recoger las aguas provenientes del Foro, que depositaba luego en el río Tiber. Incluso hoy en día es una obra que sigue en uso y que nació, sobre todo, como un modo ingenioso de aprovechar y ocultar los tres arroyos que discurrían desde las colinas cercanas. El objetivo con ello era adecentar el centro urbano.

Salida de desague de la Cloaca Máxima en la actualidad 

A finales del siglo I a.C. ,Agripa la visitó  en todo su recorrido con gran pompa, montado en una barca, para comprobar su buen estado.En el resto de la ciudad el alcantarillado se iba construyendo de tal forma que aprovechara en su favor el continuo caudal de las fuentes. El líquido derramado de estas iba a parar a tuberías de barro cocido mediante sumideros que lo desaguaban en el río limpiando las calles pero contaminando el cauce fluvial.

Dado el problema que suponían los excrementos, en muchas calles principales de las ciudades se instalaron letrinas publicas. Se trataban de recintos con bancos contra la pared dotados de orificios. Allí, sin separación entre unos y otros, se aliviaban los romanos en compañía, comentando los asuntos del día mientras sus desechos eran arrastrados a la cloaca cercana por el agua sobrante de las fuentes. Este sistema de cloacas se podía encontrar incluso en los campamentos legionarios estables, donde, en vez de terracota, las conducciones podían ser arboles vaciados. Nada peor para un general romano que un ejercito enfermo incapaz de luchar o defenderse, de ahí que la higiene fuese clave en los acuartelamientos.

Para saber mas:

Webgrafía

 

Bibliografía

  • Jenkins, Ian. La vida cotidiana en Grecia y Roma. Madrid. Akal, 1999

  • Taylor, RabunLos constructores romanos. Madrid. Ediciones AKAL, 2006

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