Fortificando Hispania

La defensa de las ciudades ha sido uno de los principales asuntos con que las distintas culturas se enfrentaban para asegurar el porvenir, no solo de sus habitantes y pertenencias, sino también de su cultura y forma de vida. Los romanos fueron los que perfeccionaron los distintos métodos de defensa mediante murallas. En España tenemos múltiples ejemplos, casi todos de los primeros años de dominación -siglos I y II a.C.- y muchos de ellos restaurados o remodelados, que atestiguan la importancia que estas edificaciones tenían en el mundo romano. Con la “Pax Augusta”, como es lógico, se redujeron las edificaciones de las murallas.

Por lo general, consistían en dos paramentos paralelos de sillería “opus quadratum” de tamaño variable, y entre ellos un relleno de mortero, piedras e incluso de hormigón romano. Estas paredes exteriores, a veces tenían los sillares almohadillados, y estaban separadas por 4 metros como mínimo, llegando a los 10 metros en ocasiones excepcionales.

Las inquietudes y ambiciones de Roma como Imperio requerían de una protección infalible de sus ciudades a fin de conservar el orden y prolongar el porvenir de tan importante legado. Como hemos podido comprobar, los romanos también destacaban en ese campo de la ingeniería, tanto en los muros edificados en la estabilidad de la Pax Romana del siglo I, hasta las construidas en el siglo III a V, en el desmoronamiento imperial a manos de los bárbaros. Su análisis, por tanto, siempre se crea en cuanto al ámbito civil como el militar, entre su carácter de refugio y su labor como medio de resistencia.  Así, en César Augusta (siglo I) otorgaban seguridad y confianza en cuanto a mantener a salvo la ciudad (aunque se amortizaran realmente en el siglo III con las primeras invasiones) y en Lugo son puro músculo como respuesta lógica a la caída periódica del Imperio. Y, al fin y al cabo, también el paisaje urbano acaba por definirse por las murallas, llegando al punto de ver las ciudades limitado su propio desarrollo y margen de crecimiento.

En otras ocasiones, el peso de la necesidad de expansión de la ciudad ha sido mayor que la necesidad de mantener el urbanismo dentro del perímetro amurallado, sobrepasando el urbanismo los límites marcados por las murallas e integrándose estas en los nuevos edificios que se vayan construyendo.

A pesar de la controversia con respecto a las utilidades y fines últimos de las murallas, está claro que son la pieza clave de todo sistema defensivo urbano y que entierran tanta riqueza arqueológica como puramente histórica y social.

En esta entrada pretendo mostrar los mejores ejemplos y sus características de este tipo de infraestructuras de la Antigua Roma que podemos hallar en España. Lógicamente me sería imposible detallar todos los ejemplos que podemos encontrarnos a lo largo de nuestra geografía en una sola publicación, por lo que comenzaré con las que, en mi opinión, destacan sobre las demás.

MURALLA ROMANA DE ZARAGOZA

Caesaraugusta, como muchas otras ciudades romanas, estuvo rodeada por un cerco de murallas que, además de cumplir una función defensiva, tenía un carácter monumental y era símbolo del prestigio de la colonia.

Se conservan restos de la antigua construcción bajo el Mercado Central, la avenida de César Augusto, Teatro Principal y Coso, aunque sólo son visibles en el Convento del Santo Sepulcro y junto al Torreón de la Zuda. En esta última zona se mantienen los vestigios más importantes: Un lienzo de 80 metros de longitud con torreones ultrasemicirculares similares a los de las murallas de Astorga y León.

Junto a este tramo se encuentra desde hace unos años la estatua del emperador Augusto, copia en bronce del famoso Augusto de Prima Porta, regalo del gobierno italiano a la ciudad en los años 40. La figura se sitúa ante tres altos dinteles y un arco de medio punto que evoca la primitiva Puerta de Toledo; en los frentes de alabastro están labrados los cuatro nombres de la ciudad: Salduie, Caesar Augusta, Saraqusta y Zaragoza.

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En rojo, trazado de la muralla comparado con la actual urbe

Construida entre el siglo I y el siglo III de nuestra Era, bajo el mandato de Tiberio, la muralla romana de Zaragoza llegó a tener una longitud de unos 3.000 metros y unos 120 torreones defensivos.

MURALLA ROMANA DE LEÓN

En un comienzo el amurallado consistía en una estructura provisional de madera que servía como defensa del campamento romano de Legio VII durante la época Augusta allá por el siglo I a.C. Cuando finalmente se estableció la ciudad de León, las murallas fueron reforzándose y cambiando la madera por sólida piedra. La muralla romana que se puede ver en la actualidad se levantó entre el siglo III y IV. Esta vez se construyó una muralla más resistente, con 5 metros de ancho y 10 metros de alto, construida con piedra labrada, canto rodado, reforzada con mortero de cal y se le añadieron grandes cubos o torres de planta semicircular situados muy próximos unos de otros.

La muralla de León está considerada como una de las más antiguas que se conservan en España. Desde 1931 forma parte de la lista de Monumento Histórico Artístico de España.

Aunque en la actualidad la muralla no está completa, los pequeños tramos que se conservan dan una imagen del contorno cuadrangular del casco viejo de la ciudad.

Muralla Romana

La única puerta aún en pie se encuentra en el lado norte del recinto, llamada en época romana porta decumana y desde la Edad Media Puerta Castillo por la plaza fuerte situada en uno de sus laterales. La estructura actual corresponde a una reconstrucción de mediados del siglo XVIII que sustituyó a la puerta anterior. En esta misma zona, en la calle Carreras, podemos apreciar un largo tramo de la fortificación romana, si bien sus torres fueron demolidas a fines del siglo XIX. No obstante, en el sector oriental y a lo largo de la avenida de los Cubos, es posible contemplar aún íntegras las torres romanas, aunque experimentaron una sobreelevación durante el siglo XIV.

Más adelante la fortificación desaparece bajo la cabecera de la Catedral gótica para reaparecer poco después. Se trata de los basamentos de la puerta oriental del recinto, la llamada Puerta del Obispo, cuyas estructuras góticas se conservan al aire, mientras que los restos de la puerta romana que existía en el mismo lugar, la porta principalis sinistra del campamento de la legio VII, se conservan en una cripta arqueológica construida a tal efecto.

MURALLA ROMANA DE TARRAGONA

En el siglo II a.C. se dotó a Tarraco de una gran muralla que delimitaba el perímetro urbano. Su longitud era de unos 3.500 metros, de los cuales actualmente se conservan 1.100 metros, que circundan el casco antiguo. Las murallas son la construcción arquitectónica romana más antigua de todas las que se conservan fuera de Italia. Entre los siglos XVI y XVII se reforzaron con bastiones, la falsa braga y los fortines exteriores con el fin de adaptar las defensas de Tarragona a la artillería. El Paseo Arqueológico circula entre la muralla romana y la falsa braga moderna, entre jardines, poesías románticas y explicaciones históricas. Destacan la Torre del Arzobispo, con notables reformas medievales, y la de Minerva, que contiene la escultura y la inscripción romanas más antiguas de la Península Ibérica.

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MURALLA ROMANA DE LUGO

La muralla romana que rodea la ciudad de Lugo es la única del mundo que se conserva entera. Por eso y por su misteriosa belleza es Patrimonio de la Humanidad.

La leyenda dice que los romanos construyeron la muralla para proteger no una ciudad sino un bosque, el “Bosque Sagrado de Augusto“, en latín “Lucus Augusti“, de ahí el nombre de Lugo.

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Construida hace más de 17 siglos siguiendo las directrices de las elegantes obras de Vitruvio, la Muralla de Lugo mide más de 2 kilometros y tiene 10 puertas. Caminar por lo alto de la muralla que en algunos tramos alcanza los 7 metros de ancho, y detenerse en algunas de sus 85 torres es sentir de cerca el poder de la Roma Imperial.

Fue declarada Patrimonio Mundial en el año 2000 por constituir el mejor ejemplo vivo de fortificaciones militares del Imperio romano tardío conservado en Europa. Es la única, en todo el territorio del Imperio romano, que conserva íntegro su perímetro y con su presencia ha determinado la historia y la evolución urbana de la ciudad de Lugo, incrementando y enriqueciendo su interés cultural.

La Muralla rodea el corazón de Lugo, fundado en el año 15 a.C. por Paulo Fabio Máximo en nombre del emperador de Roma y fue la capital de uno de los tres conventos jurídicos romanos (junto Astorga y Braga), que conformaban la provincia de la Gallaecia y que se extendía hasta el río Duero. Esta ciudad desempeñó un papel capital en una región por aquel entonces riquísima en oro que Roma explotó, hasta el agotamiento, en beneficio del tesoro imperial. Tres siglos después, la estructura urbana de la ciudad se modificó y se desplazó ligeramente hacia el norte. Eran tiempos críticos desde el punto de vista político y militar y fue en ese momento en el que se erigió esta fortificación. La muralla ocupó una zona de terreno topográficamente irregular, más alta al noroeste y en descenso hacia el sudeste. Continúa siendo un enigma los motivos de ese trazado, que dejó fuera importantes zonas residenciales de la antigua ciudad romana y en cambio protegió terrenos descampados.

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Uso de material autóctono (pizarra) como revestimiento exterior

A pesar de las reformas sufridas, la Muralla mantiene su trazado original y las características constructivas que le otorgan un aspecto masivo y recio propio de su carácter defensivo. Su forma de rectángulo con ángulos redondeados supera los dos kilómetros de perímetro, 2.117 metros, y protege un recinto interior de 34,4 hectareas. Se conservan 71 cubos o torres de las 85 exteriores que tuvo. La altura de sus lienzos oscila entre los 8 y 10 metros y mantienen un espesor medio de 4,20 metros. que alcanza los 7 en algunos puntos. Al recinto interior de la Muralla se accede hoy por diez puertas que la atraviesan, 5 antiguas y otras 5 de traza y apertura moderna; desde el interior se puede acceder a su adarve por cuatro escaleras exteriores y dos rampas adosadas, continuando una de ellas en una rampa interior. Se conoce la existencia de un foso exterior de unos 20 metros de ancho y al menos 5 de fondo, que completaría la defensa, dificultando la aproximación de máquinas de asedio o la excavación de minas.

Perdida su función militar, la Muralla romana de Lugo ha quedado plenamente integrada en la estructura urbana actual: rodea la ciudad histórica y su adarve es un paseo, o una calle peatonal más, de los que utilizan habitualmente sus habitantes y visitantes. En el adarve, coincidiendo con los cubos originales, se conservan escaleras interiores de doble tramo y traza imperial que lo conectan con el paramento interior, donde no alcanzan el terreno; distintas hipótesis lo interpretan como un recurso defensivo que permitía aislar el recinto retirando las escaleras o rampas móviles que daban acceso al primer escalón. En la actualidad se han descubierto e investigado arqueológicamente 22 de estas escaleras.

Bibliografía

  • Casas, Narciso.Patrimonio Mundial Cultural de la Humanidad en España. Madrid: Bubok Publishing S.L
  • Dupre Talentos, X. Las capitales provinciales de Hispania. 3. Tarragona. Ed. L´Erma di Bretschneider, 2004.
  • “Muralla de León”. Revista Historia y Vida nº461. Páginas 12-13.

Webgrafía

 

 

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