Tecnología militar

Decidida la ubicación de un campamento, se señalaba un espacio cuadricular de 700 metros de lado. En su centro se colocaba la tienda del general (el praetorium), de la cual partían las dos calles principales (cardo y decumano). Los lugares reservados a los oficiales y legionarios eran señalados con banderas rojas.Colocada la impedimenta en el núcleo del campamento, la mitad de la legión establecía un perímetro defensivo y la otra mitad comenzaba a cavar la trinchera de tres metros de profundidad y 4 de anchura que lo rodearía, la fossa, o vallum. Con la tierra extraída se creaba un terraplén de un metro de altura, el agger, sobre el que se clavaban las estacas que cargaba cada legionario en su equipo, formándose así una muralla defensiva.

El jefe de la guardia era seleccionado en la caballería. Las rondas de inspección las efectuaba de noche, acompañado por dos colegas. Si encontraba a algún soldado durmiendo podía ser apaleado o apedreado, a menudo hasta la muerte por los propios compañeros, cuyas vidas dependían de él.

Campamento permanente y sus partes
Ejemplo de campamento permanente

Los campamentos de marcha carecían de entrada. En los demás se utilizaban diversos tipos de defensas para la misma. No se destinaban necesariamente a impedir el paso al enemigo, sino a disuadirlo de atacarlas.

 No obstante los relatos de los historiadores y, en especial, los descubrimientos arqueológicos, nos obligan a introducir numerosas variantes, los campamentos operativos eran diferentes de los cuartes de invierno. Entre los campamentos operativos había campamentos de etapa, abandonados al día siguiente o a los pocos días, campamentos estratégicos que servían como base de operaciones durante una o varias campañas, y campamentos fronterizos, que formaban parte de la defensa del limes

El campamento podía estar acabado en 4 horas y desmontado en mucho menos. Eso en el caso de los campamentos temporales, porque los fijos, al tener murallas de piedra, eran mucho más sólidos. tanto era así que muchos dieron lugar a ciudades modernas como León, Lugo, Maguncia o Estrasburgo.

Un ejemplo de las dimensiones que podían alcanzar estas defensas fijas son los restos de las murallas de Roma del siglo IV a.C. Tenían siete metros de altura y cuatro de anchura, reforzadas cada cinco por contrafuertes. para dificultar los asaltos, delante de ellas se abría un inmenso foso de 30 metros de ancho y 9 de profundidad. Su acceso se obstaculizaba enterrando ante él afiladas estacas de madera en agujeros camuflados (lirios), o tacos de madera en los que clavaban puntas de flecha (los stimuli, eficaces contra la caballería. Por lo general, consistían en dos paramentos paralelos de sillería –opus quadratum– de tamaño variable, y entre ellos un relleno de mortero, piedras e incluso de hormigón romano. Estas paredes exteriores, a veces tenían los sillares almohadillados, y estaban separadas por 4 metros como mínimo, llegando a los 10 metros es ocasiones excepcionales.

Muralla romana de Lugo
Muralla romana de Lugo

Para reforzar la seguridad de la muralla y evitar el acceso subterráneo a la ciudad, el muro exterior se prolongaba varios metros bajo tierra, y la parte superior era protegida con almenas.
Las puertas de acceso a la ciudad estaban constituidas por tres bóvedas, una central más ancha que permitía el paso de carruajes y dos laterales de menor tamaño para los peatones. Para cerrarlas disponían de fuertes puertas de madera y la central tenía, además, una reja levadiza. En momentos de ataque se cubrían con planchas de metal. A ambos lados de las puertas se levantaban sendos torreones de altura considerable y a lo largo del perímetro de la muralla se construían torres vigías.

Esta rapidez a la hora de organizar unas defensas se apreciaba también cuando deseaban poner sitio a un campamento o ciudad, que, casi de la noche a la mañana, aparecían envueltos por una muralla de tierra con torres ubicadas a intervalos regulares. Es lo que sucedió en el asedio de Numancia, organizado por Escipión en el 133 a.C. En ocasiones, este tipo de defensas pero en piedra se utilizaron para sellar la frontera (limes) de alguna provincia como el muro de Adriano en Britania.

ARMAS DE ASEDIO

Para acelerar el asedio, los ingenieros contaban con armas suficientes: la balista (una especie de ballesta gigante que arrojaba lanzas), la catapulta (cuyo brazo rígido, en forma de cuchara, lanzaba piedras), el escorpión (una suerte de ballesta muy grande manejada por un solo legionario) o el onagro (un brazo oscilante rígido en cuyo extremo una bolsa, similar a una honda, permitía arrojar proyectiles de 80 kilos a más de 800 metros de distancia. Su efecto contra defensas fijas o ejércitos en movimiento solía ser devastador. Quizás los ingenieros no participaban en el cuerpo a cuerpo, pero su contribución a la batalla era capital. Sobre todo si eran capaces de derrumbar unas murallas excavando una mina en sus cimientos, lo que facilitaba el asalto posterior.

Para saber más:

  • Garcia Bellido, Mari PazLos campamentos romanos en Hispania (27 a.C.-192 d.C) . Editorial CSIC, 2006.

  • François Cadiou, David Hourcade. Defensa y territorio en Hispania de los Escipiones a Augusto. Coloquio celebrado en la Casa de Velázquez (19 y 20 de marzo de 2001).Casa de Velázquez, 2003.
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