El invento romano

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Noria romana hallada en Riotinto (Huelva)

El principal motivo de la puesta en cultivo de nuevos territorios era alimentar a la creciente población, que en el caso de la ciudad de Roma llegó a alcanzar cifras extraordinarias. Como era en la capital donde se elegían a los cónsules y demás magistrados, residencia después de los distintos emperadores, para mantener controlada a la población se convirtió en costumbre el reparto gratuito de grano. Se necesitaba molerlo en grandes cantidades para convertirlo en harina, lo cuál llevó al único invento puramente romano: la noria hidráulica. De nuevo los ingenieros acudían al rescate de los gobernantes, desarrollando un sistema que les permitía sacar aún más partido al agua que acarreaban hasta la ciudad.Cuando aparece la rueda hidráulica horizontal, también llamada “molino romano”, y el molino de rueda vertical de paletas, que desarrollaron los romanos ante la insatisfacción con la rueda horizontal de los griegos debido a su baja eficiencia. Este tipo de molino fue el más común por muchos siglos, no solo en Europa sino también en América, principalmente en el norte del continente.La única referencia sobre la construcción de estos molinos nos llegó de la mano de Vitruvio, en su tratado titulado “De Architectura” compuesto de diez libros dedicados a la ingeniería y la arquitectura donde, en su libro X, explica la forma y teoría de su funcionamiento.

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Tan importante considero este libro que no me resisto a copiar sus capítulos IV y V del ya citado libro X para que el lector se haga idea de la forma y funciones que podían tener estos ingenios:

Libro IX Capitulo IV

” Pasaré a explicar ahora los órganos que se han ideado para extraer agua,así como los diversos tipos en los que se han clasificado. En primer lugar,voy a tratar sobre el «tympano» (o tambor) (en el sentido de rueda hidráulica). Ciertamente no eleva el agua a gran altura, pero sí saca un gran caudal de agua en breves momentos. Se fabrica un eje con el torno o con el compás, reforzando sus extremos con láminas de hierro. Rodeando su parte central se coloca un tambor hecho con tablas ensambladas entre sí, que se encajará sobre unos troncos con sus puntas protegidas con láminas de hierro,debajo de los bordes del eje. En la parte hueca del tambor se instalan ocho tablas transversales desde el eje hasta la circunferencia del tambor, que dividan al tambor en espacios iguales. El frente exterior del tambor quedará cerrado mediante unas tablas, dejando unas aberturas de medio pie por las que accederá el agua a su interior. De igual modo, a lo largo del eje se dejan unos orificios que se correspondan con cada uno de los espacios. Se dejará todo bien embreado, como se hace con las naves, y se hará girar por unos hombres pisando encima. Así el agua entra por los orificios abiertos en el frente, va a parar a las aberturas del eje y se vierte sobre un barreño de madera, colocado debajo, mediante un canal que lo conectará. Así se suministra agua abundante para el riego, o bien para licuar la sal en las salinas (se necesita agua dulce para eliminar el fuerte sabor de la sal marina).

          Si se tuviera que elevar el agua a mayor altura, se pondrá en práctica un método análogo. Se construirá una rueda en torno al eje, del tamaño que se adecue a la altura exigida. En el perímetro circular de la rueda se fijarán unas cubetas, protegidas con pez y con cera. Cuando la rueda comience a girar por la acción de los hombres que la voltean con sus pies, las cubetas llenas de agua, elevándose hacia lo alto y descendiendo hacia la parte más baja, derramarán en el depósito la cantidad de agua que hayan recogido. Pero, si se tuviera que suministrar agua a lugares más elevados, se colocará en torno al eje de la misma rueda una doble cadena de hierro, que llegue hasta el nivel más bajo, y se colgarán en la cadena unas cubetas de bronce, con una capacidad de un congio (equivale aproximadamente a 3´3 litros). Así, al ir girando la rueda enrollará la cadena en torno al eje, lo que provocará la elevación de las cubetas hacia lo alto, y cuando alcancen el eje, forzosamente se darán la vuelta y derramarán en el depósito el agua que hayan elevado.”

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Maqueta del molino romano de Barbegal

Libro X Capítulo V

“Siguiendo un proceso parecido se fabrican unas ruedas fluviales, tal como lo hemos descrito. En torno a su parte frontal, se fijan unas paletas, que, al ser empujadas por la corriente del río, inician un movimiento progresivo provocando el giro de las ruedas; sus cubetas van sacando el agua que la eleva hacia la parte mas alta, sin la presencia y el esfuerzo de operarios; sencillamente, al girar por el impulso de la corriente el río, suministran el agua que se necesite.

El movimiento de las norias (molinos de agua), se basa en los mismos principios, excepto en que llevan un tambor dentado en un extremo del eje. El tambor está colocado verticalmente y gira al mismo tiempo que la rueda. Junto a este tambor se halla un segundo tambor mayor, colocado horizontalmente a lo largo del anterior con el que esta engarzado. Así, los dientes del tambor ajustados al eje, al empujar los dientes del tambor horizontal provocan el movimiento circular de las muelas. Si colgamos una tolva en esta maquina, suministrara trigo a las muelas y, gracias a este mismo movimiento giratorio, obtendremos harina”.
La noria vertical aprovecha el movimiento del agua para transformarlo en energía. Transmitida por una serie de engranajes hasta una rueda de molino, esta realizaba el trabajo a una velocidad cinco veces mayor de lo que giraba la noria. En algunos casos se puede hablar de norias casi industriales como la que existía en Barbegal (Francia) a finales del Imperio. Se descubrió que si el agua caía sobre la noria en lugar de pasar por debajo de ella, a la energía cinética se le sumaba la potencial de la caída. Así, los ingenieros romanos construyeron en Barbegal un molino bajo una cascada de 20 metros de altura, creada con el agua del acueducto. El ingenio era capaz de hacer girar ocho pares de ruedas de dos metros de diámetro, cada una de las cuales movía una muela de 90 centímetros. Si con un molino manual se podía conseguir 5 kilos de harina a la hora, con uno hidráulico eran 180, de modo que el del Barbegal era capaz de moler unas tres toneladas a la hora. La cantidad era suficiente, en teoría, para alimentar una población de 80.000 personas. dado que eso representaba ocho veces la población de la ciudad, es evidente que el exceso de producción se destinaba al mercado y alimentar a la vecina población de Arlés. De hecho, en Roma existía un molino similar en la colina del Janículo.

Todas estas construcciones necesitaban financiación, y los ingenieros volvían a ser los encargados de arrancar de las entrañas de la tierra los preciados metales necesarios para acuñar moneda. Una vez agotadas las vetas más superficiales había que seguir a cada vez mayor profundidad. Según avanzaban los túneles, se iban entibando y dejando columnas de soporte, al tiempo se abrían pozos verticales para airear y se ponían en marcha bombas y tornillos de Arquímedes para achicar el agua. Nada de esto habría sido factible de no haber contado el mundo romano con unos ingenieros que quizá no destacaron por su inventiva, pero desde luego si por su capacidad de adaptación. Sin ellos, construir el imperio y mantenerlo durante medio milenio habría resultado increíblemente más difícil.

Webgrafía

Bibliografía

  • Escarpa, Alejandro. Tecnología romana. Madrid: Akal, 2000
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