Ingenieros para todo

Los textos clásicos son claros: durante la Antigüedad los ingenieros fueron muy polifacéticos y a menudo se encargaron de construir todo aquello que fuera necesario reuniendo así las facetas de diseñadores y topógrafos. Sin duda la especialización existía pero obviamente un ingeniero de la legión estaba más acostumbrado a levantar murallas que edificios civiles.Ello no era impedimento para que,al acabar su servicio encontrase trabajo a la hora de construir un puente si se le encargaba. El mejor ejemplo lo tenemos en uno de los pocos ingenieros romanos que conocemos por su nombre gracias a las fuentes: Vitruvio.

Durante su servicio militar construyó armas de asedio pero al incorporarse a la vida civil  realizó obras como una basílica en Fanum Fortunae (actual Fano, Italia). Otro ejemplo de polivalencia entre los ingenieros romanos lo tenemos  con Apolodoro de Damasco, responsable del Foro,el Odeón y la columna de Trajano en Roma. Hay más ejemplos sin duda pero, en una sociedad donde el nombre lo era todo, primaba más quien costeaba la obra a no ser que esta fuera de tal relevancia que su nombre mereciese pasar a la posteridad. Este fue el caso de un topógrafo militar llamado Nonio Dato.

El propio Dato explica como acudió a la llamada de los administradores de la ciudad de Saldae ( en la actual Argelia) y en que consistió su misión gracias a un texto hallado en el campamento romano de Lambaesis (en el mismo país) :

“Fui a Saldae y me encontré con Clemente, el procurador, quien me llevo a la colina donde se quejaban de la pobre calidad en el trabajo del túnel [que llevaría agua hasta la ciudad]. Parece que estaban pensando en abandonarlo, porque la longitud del tunel excavado era mayor que el ancho de la colina. Resultaba evidente que el rumbo había divergido de la linea recta…”. Dato se encargó de solucionar el desvío y la obra pudo terminarse.

FORMACIÓN PROFESIONAL

Pero… ¿como llegaba uno a ser ingeniero?. Excepto por puro placer intelectual los nobles romanos estaba exentos de ejercer la profesión. Esto limitaba a la clase media (incluidos esclavos y libertos) la práctica de un oficio que aportaba cierto prestigio social e ingresos económicos suficientes para costearse una lápida funeraria de calidad. Vitruvio consideraba que el arquitecto no solo debía saber dibujar, sino también geometría, óptica y aritmética, sin olvidarse de conocimientos generales de historia, filosofía, música, cosmología o astronomía (¡todo un currículum!). En realidad, si esto llegó a ocurrir fue en contados casos.

Tras aprender a leer y escribir en la escuela infantil y quizás algo de oratoria y gramática no le quedaba más remedio al futuro ingeniero que sumergirse en el mundo teórico de las bibliotecas. No se conoce ninguna de estas obras, pero además del clásico tratado de Vitruvio (siglo I a. C) sabemos que existía el voluminoso Corpus Agrimensorum, que se encargaba de enseñar a medir terrenos y dividirlos. Pero con esto no bastaba. El único método eficaz para aprender el oficio era  buscar un maestro para seguir sus pasos como ayudante. Como era natural, si un recién ingresado en el ejercito era destinado al cuerpo de ingenieros su profesión ya estaba decidida quisiera o no. Durante sus años de servicio su labor se haría sentir en el Imperio que se estaba forjando.

Bibliografía:

Escarpa, Alejandro. Tecnología romana. Madrid: Akal, 2000

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